Tras la crisis laboral y económica y quedarme en paro en 2012, para ocupar el tiempo y despejar la cabeza (sin conseguirlo del todo) comencé a dibujar todo aquello que se me ocurría hasta desembocar en estas Ciudades Imposibles que en ocasiones son reflejo de algunos de mis sueños y obsesiones.

Realmente nunca le he dado importancia a lo que hacía muy a pesar de la opinión de mi familia y de todos los que me rodeaban.

Un día mi hijo me dio un empujón. Y empezaron a interesarse por mis dibujos y a preguntarme por la posibilidad de hacerse con alguno de ellos.

Y aquí estamos.